Jun 17 2009
Una canadiense enamorada de Cuba
Por Zenia Regalado
Tiene fe en que el arte derriba todos los muros a su alrededor y tiende un armonioso puente entre las diferentes culturas y los hombres que las crean.
Hilary Spicer de la Universidad de British Columbia, Canadá, ya conoce la grandeza de una isla que se crece en su autenticidad.
Ha compartido con los niños Síndrome de Down que integran el proyecto Con amor y esperanza, que dirige el pintor y curador Jesús Carrete y también conoce de cómo en el Patio de Pelegrín niños y adultos de una zona rural encuentran nuevas motivaciones para sus vidas detrás del dibujo, la artesanía y otras artes.
Y es que ella también está hecha de una fibra sensible que la lleva a imaginarse un mundo de inclusión en el que los dineros que lleve el hombre en sus bolsillos, el color de su piel o el pueblito en el que nació no sean barreras que limiten a un ser humano.
Un pensamiento es la máxima que guía su entusiasmo desbordante:
"Cada día deberíamos tratar de escuchar una pequeña canción, leer un buen poema, ver una buena pintura y, si es posible, decir algunas palabras razonables". (Wolfgang Von Goethe).
Hilary, quien habla el español y se desenvuelve con desenfado y afabilidad, llegó por vez primera a Cuba en 1999 por un convenio entre el sindicato de su universidad y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte de Cuba (SNTECD).
Después de esa visita no pensó en otra cosa que en regresar, incluso dice ser mitad canadiense mitad cubana, aunque su apariencia lo niegue.
En el 2001 comenzó una estrecha relación con el instituto superior pedagógico Enrique José Varona y con Isora Enríquez, decana de su facultad de lenguas extranjeras, quien es especialista en el desarrollo del aprendizaje de idiomas en las escuelas cubanas.
En la escuela secundaria Che Guevara en Santa Clara, introdujo la enseñanza del francés como segunda lengua.
Según ha podido apreciar el aprendizaje de la lengua francesa es cada vez mayor en Cuba, un país que cuenta con la más alta tasa de alfabetización en el mundo, un dato que es para ella una fortaleza a la hora de aplicar cualquier proyecto educativo.
¿Por qué cree usted que la inserción de las artes en las clases de idiomas logra una mayor motivación?
"Ellas atraviesan las barreras raciales, sociales, educativas y económicas. También realzan las apreciaciones culturales y la conciencia.
"Son las artes sistemas de símbolos tan importantes como las letras y los números, además de integrar a la mente y el cuerpo con el espíritu, extraen el mundo interior y lo exponen a la realidad, además de abrir el paso a `estados de flujo´ y a experiencias de alta cumbre.
"Los estudiantes asimilan mejor y con mayor alegría y disposición los conocimientos de otra lengua a partir de la relación con las artes, lo cual lleva a un mayor éxito en los exámenes, así como a actitudes de destrezas sociales y a un funcionamiento creativo y crítico de la mente".
El padre de Hilary fue un hombre progresista que inculcó en ella ideas que necesitan tener una especie de laboratorio práctico.
¿Por qué Cuba?
"Cuba no es pobre, es un país con una gran riqueza espiritual que deben conservar. La gente lo comparte todo. Se ayuda, te mira a los ojos.
"En el patio de Pelegrín conocí a Marcos, un hombre que ya tiene 80 años, sin embargo, va allí a cantar, tiene deseos de hacerlo y de echar a volar su arte, a pesar de que vive modestamente. Marcos es un tesoro, parece un sabio antiguo, un consejero al que hay que escuchar".
Hilary y otro grupo de profesores canadienses manifestaron su solidaridad con la universidad Hermanos Saíz inmediatamente después del paso de los huracanes, un hecho reconocido por el rector, Andrés Erasmo Ares Rojas.
¿Qué otras vivencias ha tenido en Pinar del Río?
"Durante uno de los talleres del encuentro Lengua, cultura y educación (del 18 al 20 de mayo) desarrollado en la universidad pinareña, con la participación de decenas de profesores de inglés, mi amiga aborigen canadiense Kwakutl pidió un minuto de silencio para sus ancestros y los de todos los presentes. No se escuchaba ni la respiración en un teatro lleno.
"Fue un momento de un profundo vínculo emocional. La aborigen trabaja en Canadá con jóvenes descendientes de pueblos originarios que no conocían su propia cultura ancestral, un elemento que toda nación debe defender.
"Es fundamental que cada cultura interactúe con otras mediante el respeto y la paz, y que cada pueblo preserve sus tradiciones y las defienda".
Le asiste razón a Hilary. La diversidad cobra cada vez mayor significado en un mundo que quiere homogenizar a partir de una sola matriz, esa que dicta qué ropa debemos ponernos, cuáles son los mejores artistas y hasta qué zapatos son los adecuados para no estar "cheo", no importa si se trata de botines en un sofocante verano isleño.
Spicer también comprobó el 19 de mayo, aniversario 114 de la muerte de José Martí; Héroe Nacional, la admiración y respeto que sienten los cubanos, sobre todo el sector pedagógico, por la figura del pensador, uno de cuyos conceptos afirma que la enseñanza debe realizarse a partir de la pedagogía del amor; si no se ama a los alumnos, no se puede enseñar.
La pedagoga canadiense, quien ha participado en proyectos parecidos en Santa Clara, destaca el amor que sienten en esa ciudad por el Che, todo un símbolo que vive en esa urbe y en Cuba.
"Podría cualquiera pensar que en Canadá, por ser un país desarrollado no ocurren cosas feas. Nada de eso, hay zonas en las que ves jóvenes que se drogan en los parques. Es una de las peores vivencias que puedas tener".
La recién creada cátedra de estudios canadienses en la universidad Hermanos Saíz es para Hilary un magnífico puente para que dos pueblos, dos culturas, se conozcan y fortalezcan sus relaciones.